"Las obras realizadas sin sinceridad son como el viajero que lleva arena en su cantimplora. Llevarla le supone un peso y no le aporta ningun beneficio".
Ibn Al-Qayyim

sábado, 6 de noviembre de 2010

Solidaridad musulmana con las víctimas cristianas de Bagdad

BEIRUT.- Anonadados quizás por las imágenes y testimonios de la barbarie que cometieron el domingo los acólitos del Estado Islámico de Irak, una sucursal de Al Qaeda, la mayoría de los lectores europeos no habrán reparado en el único signo positivo de esa masacre que costó la vida a 46 feligreses de la iglesia de Nuestra Señora del Socorro de Bagdad.
Muy pocos se habrán percatado de la oleada de solidaridad que ha suscitado el suceso entre una plétora de organizaciones musulmanas que en varios casos –y siguiendo el patrón que marcan los estereotipos- se identifican en Occidente con el radicalismo cuando ellas se proclaman sólo como nacionalistas.
Entre estos últimos se podría situar a la Asociación de Clérigos Musulmanes de Irak liderada por el jeque Hariz al-Dhari, un personaje buscado por las autoridades de Bagdad y que dirige también un frente guerrillero opuesto a la ocupación norteamericana de Irak y al ejecutivo al que apoyan.
La citada agrupación emitió un comunicado en el se refería a lo ocurrido como una “masacre horrible” y un “vergonzoso acto de explotación de una casa de rezo perteneciente a nuestro pueblo”.

La Asociación de Clérigos Musulmanes es tan sólo una del incontable listado de organizaciones iraquíes que han manifestado su repulsa por el atentado dominical. Voces musulmanas procedentes tanto de la comunidad shií como suní. El propio gran ayatola Ali Al Sistani, el clérigo shií más significado de esa fe, declaró a través de uno de sus asistentes que condenaba lo que llamó “acción criminar contra nuestros hermanos cristianos”.
En Egipto, el segundo país al que se dirigió la amenaza de los fundamentalistas de Al Qaeda, el gran imam de Al-Azhar, el jeque Ahmed al-Tayyeb, un referente religioso prioritario para millones de musulmanes suníes definió la acción como una “agresión criminal contra un lugar de culto de nuestros hermanos cristianos en Irak”.
Al-Tayyeb añadió que “el Islam garantiza la libertad de culto y prohíbe la agresión entre las iglesias. El Islam y los musulmanes son inocentes de este tipo de actos que dañan a los musulmanes y van en contra de la sharia (ley islámica)”.
Los Hermanos Musulmanes, la principal organización opositora egipcia, se expresaron incluso en términos más firmes desde su página web.
“Los Hermanos Musulmanes adviertena todo el mundo, en primer lugar a los musulmanes, que la protección de los lugares de culto de todos los hijos de las religiones monoteístas es la misión de la mayoría de los musulmanes. Rechazamos toda clase de amenazas estúpidas contra los lugares de culto cristianos en Egipto venga de quien venga y bajo el pretexto que sea”.
Los radicales habían otorgado un ultimátum de 48 horas a la iglesia copta de Egipto para que “liberase” a dos jóvenes que ellos afirman que se han convertido al Islam y por ello permanecen recluidas en monasterios de esa confesión, cosa que los religiosos cristianos niegan en absoluto.
Pero al margen del propio Irak ha sido en el Líbano donde mayor conmoción ha causado el sangriento suceso en toda la región, quizás porque este es el único país donde los cristianos constituyen un significativo sector de la población.
Aquí el diario L’Oriente Le Jour –el principal órgano de expresión francófono de los cristianos- dedicó la portada al suceso y un amplio espacio a la avalancha de comentarios que generó la tragedia entre partidos políticos y líderes religiosos de todas las confesiones entremezcladas.
El vicepresidente del Consejo Superior Shií, Abdel Amir Kabalan, afirmó que “en Oriente los musulmanes y los cristianos tienen que continuar viviendo como hermanos” y pidió a estos últimos que “se agarren a su tierra y no se dejen someter por gente que combaten el Islam y el Cristianismo por medio desviados”.
Para el gran mufti suní, Mohamed Qabbani, el ataque sólo puede ser obra “de una facción que persiga el terrorismo y la destrucción de Irak, un proyecto que pretenda dividir la región en facciones para conquistarla”.
Hizbulá también se sumó a la condena general contra el atentado que tachó de “crimen terrorista odioso”. Pero el grupo que lidera Hassan Nasrallah apuntó un dato en el que coincidió también con los Hermanos Musulmanes de Egipto.
“Nunca antes de la ocupación estadounidense de Irak se cometió un crimen atroz como ese en la región, que era una tierra de tolerancia, convergencia y coexistencia, la ocupación instigó la división sectaria”, se leía en el comunicado que publicaron el lunes.

La reacción de todas estas organizaciones musulmanes responden a la certitud que asumen del efecto devastador que este atentado tendrá en la confianza de las minoría cristianas de toda la región, afectadas desde hace décadas por un éxodo que el reciente sínodo de iglesias cristianas de Oriente Próximo que se celebró en octubre en el Vaticano definió como “hemorragia” imparable.
Las cifras que se manejaron en esa cita resultaban incontestables. Si hace un siglo los cristianos representaban el 20 por ciento de la población de Oriente Próximo hoy no son sino el 5,6 por ciento.
Durante esa reunión, dos representantes musulmanes, uno suní y el otro un ayatola shií, no sólo defendieron con denuedo la presencia de los miembros de esta confesión en la zona sino que advirtieron que su desaparición paulatina está “empobreciendo la identidad árabe, su cultura y su autenticidad”, en palabras de Mohammad Sammak, secretario general del Comité Musulmano-Cristiano para el Diálogo libanés y asesor del primer ministro Rafic Hariri.
Sammak admitió el peligro que entraña el auge de todos los fundamentalismos entre los que no sólo incluyó al musulmán sino también al que se registra en Israel y a los movimientos cristianos extremistas de EEUU.
En términos parecidos se pronunció el ayatola iraní Mostafa Mohaghegh Damad Ahmadabadi, que reconoció la necesidad de proteger a las minorías. “La estabilidad del mundo sólo se conseguirá cuando todos puedan vivir sin miedo y sin amenazas. Es nuestro deber conseguir que eso ocurra”, puntualizó.
Fuente: elmundo

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