"Las obras realizadas sin sinceridad son como el viajero que lleva arena en su cantimplora. Llevarla le supone un peso y no le aporta ningun beneficio".
Ibn Al-Qayyim

jueves, 25 de marzo de 2010

Hacia un nuevo holocausto. Un peligro real.

El holocausto judio no empezó de un dia a otro, fue algo que comenzó con una campaña en la prensa y otros medios de comunicación de la época dirigiendo la opinión publica hacia el odio a esta comunidad, algo muy parecido con lo que ocurre hoy con los musulmanes europeos.
El racismo antimusulmán de hoy recuerda llamativamente al antiguo antisemitismo –ambas minorías son atacadas por representar "una amenaza extranjera" a la seguridad.

Y yo me pregunto con tristeza, ¿se encamina la civilizada europa hacia otro holocausto?

Repasemos la no tan lejana historia:

Los emigrantes que huían de la persecución y la pobreza se instalaron con sus hijos en el East End de Londres. Creyentes en su Dios, se revelaron muy devotos a su libro sagrado, que contenía “estrictas leyes religiosas”, “duros castigos” y “desigualdad entre hombres y mujeres”. Algunos de ellos pusieron en pie “tribunales religiosos” separados. Los hombres llevaban ropas oscuras y tenían largas barbas, algunas mujeres cubrían su pelo. Una comisión real alertó de graves peligros de auto-segregación. Los políticos dijeron que las diferentes “ropas religiosas” eran un signo de separación. Algunos emigrantes eran miembros de grupos políticos extremistas. Otros “se organizaban activamente para derrocar el orden político establecido en Occidente”. Los que hacían campaña contra los emigrantes cuidaban mucho el enmarcar sus argumentos como objeciones contra “extremistas extranjeros”, y no contra una raza o una religión. Un ministro del gobierno británico dijo que se trataba de un choque que afectaba a la civilización: se trataba de valores; una batalla entre el progreso y el “atraso”.
Todo esto les sucedió hace unos cien años a los emigrantes judíos que buscaban asilo en Gran Bretaña. Los movimientos políticos a los que se les asociaba tan estrechamente eran el anarquismo y después el bolchevismo. Como en el caso actual de violencia política, con el islamismo radical apoyado por una minoría de los musulmanes británicos, el anarquismo y el bolchevismo sólo suscitaban un apoyo minoritario entre la comunidad judía. Pero el tener por origen los mismos países y un antecedente étnico y religioso común era suficiente para crear un discurso racialista allí donde se produjera un atentado anarquista en Londres en aquellos comienzos del siglo XX.

La mayoría de los anarquistas era pacífica, pero unos pocos recurrieron a los ataques violentos, como el atentado con bomba en el Observatorio de Greenwich en 1894 –descrito en su día como un “atentado terrorista internacional”. La violencia anarquista era un fenómeno internacional. En Europa se cobró cientos de vidas, incluidas las de numerosos jefes de gobierno, y conllevó la aparición de leyes antiterroristas. En el cerco de Sidney Street en Londres en 1911, la policía y los soldados se enfrentaron a anarquistas judíos de la Europa del Este. Este violento enfrentamiento en el corazón de Londres creó una moral de pánico racial en la que la comunidad judía entera fue estigmatizada. Se afirmó que Londres hervía de extranjeros violentos. De los judíos de la Europa del Este se decía que estaban “alienados”, no “integrados”, y que constituían “una amenaza a nuestra seguridad”.

Hoy el Oriente Medio es el foco de un desafío a la hegemonía política y económica norteamericana, que es presentado como un “conflicto civilizatorio con el Islam”. Aproximadamente hace un siglo, la revolución rusa lanzaba ondas de choque hacia los estados occidentales y los mercados financieros. Los antisemitas argüían que la participación judía en la política revolucionaria era parte de una conspiración de los “judíos errantes sin hogar” para reemplazar a los estados europeos por su “nación hebrea”. Winston Churchill, secretario de estado para la guerra en 1920, escribió un artículo en el Illustrated Sunday Herald afirmando que existían tres categorías de judíos: los buenos, los malos y los indiferentes, y defendiendo que eran parte de “una conspiración a nivel mundial para el derrocamiento de la civilización y la instauración de una nueva sociedad basada en el atraso”.

Los judíos fueron la primera minoría religiosa no cristiana de Gran Bretaña. Fueron también una de las primeras comunidades “racializadas”. A pesar de importantes diferencias, el tratamiento dispensado a los judíos británicos es muy similar al actual racismo antimusulmán. Hay modelos que se repiten en la sociedad británica y que racializan a los judíos y a los musulmanes.

Los judíos y ahora los musulmanes son blancos del racismo cultural: las diferencias que se aprecian en sus culturas son presentadas como algo patológico y excluidas sistemáticamente de las definiciones del “ser británico”. Tanto el antisemitismo como el racismo antimusulmán se centran en la creencia en supuestas “leyes religiosas” para presentar a los judíos y a los musulmanes como amenazas para la nación. Pnina Werbner, profesor de antropología social en la universidad de Keele, afirma que los judíos fueron predominantemente racializados como una amenaza a los intereses nacionales en momentos de crisis. Los musulmanes son hoy presentados como un tipo diferente de “pueblo diabólico”: un grupo social que intentaría abierta y agresivamente imponer su religión sobre la cultura nacional. Esto explica parcialmente los recientes debates sobre multiculturalismo. “El imaginario antifundamentalista provee a los racistas de un discurso legitimador contra los musulmanes”, señala Werbner, discurso que es usado “tanto por miembros de las elites intelectuales como por racistas violentos”.

La comparación judíos-musulmanes revela otro modelo que se repite en la historia reciente de Gran Bretaña: los miedos a un colapso de seguridad asociado a una minoría religiosa dentro de un discurso racialista de “civilización contra barbarie”. El filósofo americano William Connolly predijo tras el 11 de septiembre que “el maccartismo de nuestros días conectará la seguridad interior del estado con una visión excluyente de la tradición judeocristiana”.

Lo fácilmente que los miedos sobre seguridad pueden fabricar un “pueblo diabólico” fue recientemente ilustrado en la conferencia organizada por el alcalde de Londres Ken Livingstone para debatir la insistencia neoconservadora de que estamos ante un nuevo choque de la civilización contra la barbarie. En el pasado de Londres, la Liga de los Hermanos Británicos [British Brothers League] del East End cuidaba de presentar su rechazo utilizando más los términos “extranjeros”, “anarquistas” y “bolcheviques”, que el de “judíos”. En la conferencia del mes pasado se vio cómo estos nuevos defensores del “conflicto civilizatorio” trabajan duro para mantener diferencias sus categorías de “bárbaro” y “civilizado”. Citaban a Ayaan Hirsi Ali, como un ejemplar de “musulmán bueno”, que señala la “civilización” que los musulmanes deberían emular. Hirsi Ali, cuyas actividades están subvencionadas por el neoconservador American Enterprise Institute, proclama que Occidente debe lanzar una guerra contra Irán, como anteriormente habló a favor de la guerra contra Iraq.
Escrito por: Maleiha Malik

Maleiha Malik es lectora en leyes en el King’s College de Londres. Este texto es una versión abreviada de una conferencia presentada en la Conferencia sobre el Choque de Civilizaciones en Londres el 20 de enero, y en la Sinagoga Progresista de Finchley.

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