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lunes, 31 de diciembre de 2012

Mitología española: Jamás hubo conquista árabe


San Eulogio, obispo católico de Córdoba, descubre el islam en el año 850


Fuente: web Islam


Imagen mítica de Don Rodrigo.
Actualmente los historiadores cuestionan la versión católica oficial según la cual el Islam se implantó violentamente en España, después de una invasión árabe, en el año 711. Estos argumentan que el Islam ni se impuso ni era ajeno a los hispanos, lo abrazaron libre y mayoritariamente.
El mito de la invasión del Islam fue promovida por la Iglesia Católica para encubrir su derrota ante los cristianos unitarios, seguidores del arrianismo que predicó Prisciliano.
¿Ocurrió la historia tal y como nos la han contado? ¿Es posible que, en el siglo VIII , un ejército musulmán cruzara el estrecho de Gibraltar, derrotara a las tropas visigodas y avanzara victorioso hasta someter casi todo el territorio peninsular?.
Leer todo el artículo  en : web Islam

jueves, 28 de abril de 2011

Realidad y manipulación del genocidio armenio

Cuando se produjo el genocidio, Turquía era gobernada por un movimiento nacionalista, liberal y progresista, bajo una Constitución de corte occidental


Acto en memoria del genocidio armenio, en Estambul (Foto: El mundo: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/04/24/internacional/1303663182.html)

El 24 de abril se conmemoró el Genocidio Armenio, una de las tragedias mayores del siglo XX. Por segundo año consecutivo, el día fue conmemorado públicamente en Turquía. Sin embargo, y tras largos años en los cuales los historiadores han aportado toda clase de datos, el Estado turco se niega a reconocer lo evidente: la población armenia de la actual Turquía fue sometida, entre los años 1915-1923, a un plan que perseguía su exterminio. Este plan fue proyectado por los Jóvenes Turcos, líderes del partido 'Unión y Progreso' (Ittihad ve Terakkí), quienes habían renunciado al otomanismo por el panturquismo, variante del nacionalismo integral o étnico contemporáneo.
Para el gobierno turco, el genocidio armenio constituyó la "solución final" a sus problemas internos, la desintegración del imperio multiétnico y multirreligioso y la emergencia del Estado-nación turco. Para los armenios, significó su destrucción, la diáspora de sus tierras ancestrales y la desaparición de su cultura. De 2.100.000 almas en el Califato Otomano, en 1912, se pasó a 77.435 en 1927. De estas quedaban unas 50.00 en 1993. La mayoría de los supervivientes huyeron a Rusia, Europa y América.
Cuando se produjo el genocidio, Armenia no formaba parte de la Sociedad de las Naciones, con lo cual no hubo estado alguno que reclamara por sus víctimas. Dicho de otro modo: para las Naciones Unidas, fue como si estos muertos no existiesen. Los armenios trataron de crear su propio Estado, una pequeña República que solo pudo sobrevivir entre el 28 de mayo de 1918 y el 2 de diciembre de 1920, cuando fue anexionada por la Unión Soviética. Mediante el Tratado de Lausana (1923) se fijaron las fronteras de la actual Turquía. Las potencias europeas se interesaron únicamente por establecer relaciones con la nueva República de Turquía, el puente que las uniría con el petróleo de Bakú. Como los judíos, los armenios dejaron de ser una nación reconocida, se convirtieron en un pueblo errante.
Después del establecimiento de la República laica, continuó la presión sobre las minorías: en 1932, una ley prohibió a los griegos ejercer ciertas profesiones; en 1942, una ley fiscal se dirigió esencialmente contra los no musulmanes, a fin de turquizar la economía mediante impuestos prohibitivos, que obligaban a los interesados a vender sus bienes; en 1955, hubo tumultos anticristianos, vinculados a la cuestión de Chipre; en 1964, debido a las tensiones sobre Chipre, Turquía rompió un acuerdo con Grecia y prohibió todas las funciones comerciales a quienes tuvieran pasaporte griego, lo que provocó la partida de unos 40.000 griegos.
Al mismo tiempo, se inició la desarticulación de la herencia islámica. El 29 de octubre de 1923 Mustafá Kemal Atatürk accedió a la Primera Magistratura. En su empeño por occidentalizar el país impuso a la población el alfabeto latino, abandonando el alifato arábigo. Abolió los tribunales islámicos y el sistema otomano de las minorías. Expropió los bienes de las cofradías sufíes, prohibió la práctica de los derviches y cerró las escuelas coránicas, al tiempo que se implantó un nuevo Código Civil copiado del suizo, y adoptó el calendario occidental.
El caso de Turquía es paradigmático de la desintegración que se impuso en gran parte del mundo islámico con la llegada de la modernidad. Durante siglos, el califato otomano se configura como una pluralidad de pueblos que gozaban de una autonomía extraordinaria. En el momento en que triunfa un movimiento calificado sin pudor como “liberal y modernista”, se da paso a una concepción biológica de la territorialidad, que sitúa la pertenencia a una etnia como lo esencial a ese territorio.
Mustafá Kemal completó el proceso iniciado por los Jóvenes Turcos en nombre de la República de Turquía y de la hegemonía de la raza turca. Así, el método adoptado para encajar la sociedad otomana plural en en molde de la modernidad fue el genocidio. La intención manifiesta fue la de crear un estado unitario, basado en las ideas de nación importadas de Europa: "una lengua, una raza, una cultura". Es el Estado-nación moderno. En realidad lo que Turquía hizo con los armenios y los griegos es lo mismo que la España católica hizo con musulmanes y judíos.
Con esto, estamos preparados para comprender las resistencias a reconocer el genocidio: tan sólo 23 países lo han hecho hasta el momento (el último en sumarse ha sido Argentina). La causa de este olvido rebasa la historia local, para situarse en el terreno de la definición del islam y la modernidad, unas definiciones que están en la base de las políticas occidentales para Oriente Medio. Orientalistas como Bernard Lewis trataron de presentar el kemalismo como un avance hacia la democracia, frente a las instituciones otomanas, presentadas como el paradigma del "despotismo oriental". Mustafá Kemal Ataturk, el “padre de los turcos”, fue presentado en occidente como un modernizador ejemplar, que luchó por occidentalizar un país que permanecía aferrado a una religión arcaica. Para una visión de este tipo, la destrucción brutal de las minorías constituye un contrasentido.
Para saltar esta contradicción, se ha llegado al extremo de manipular la historia y culpar al califato (¡incluso al islam!) del genocidio, ignorando el hecho de que los musulmanes fueron también víctimas del kemalismo. En sus últimos años, antes de su abolición oficial el año 1924, el califato fue tan solo nominal. Cuando se produjo el genocidio, Turquía era gobernada por un movimiento auto considerado como nacionalista, liberal y progresista, bajo una Constitución de corte occidental. El islam, que había protegido a los armenios (como a los judíos) durante muchos siglos, es transformado en el culpable.
En los últimos años asistimos a un creciente reconocimiento del genocidio armenio. Este reconocimiento tiene causas políticas antes que humanitarias. Si algunos gobiernos europeos dictan leyes considerando un delito la negación del genocidio es por mero oportunismo, y tiene como objetivo el dificultar la entrada de Turquía en la Unión Europea, calificado como “país musulmán”, a pesar de que se trata de un régimen ultra-laicista que discrimina a las religiones y vulnera los estándares universales de la libertad religiosa y de conciencia.
Los armenios, como pueblo sin Estado, siguen estando a merced de las potencias, que se limitan a utilizarlos.

Fuente: http://www.webislam.com/?idt=19311

domingo, 23 de enero de 2011

Moros de España. Recordando un poco nuestra historia.

Hoy en día, en que desde varios sectores de este país, especialmente los de la ultraderecha, se reclama la salida de los “moros” de nuestra católica España, vendría bien recordar a esas juventudes que nada saben de nuestra historia y reclaman la vuelta de una dictadura militar que no vivieron, que si esa dictadura fue posible en España fue en gran parte gracias a esos “moros” a los que ahora rechazan, pero que entonces eran muy bien vistos por parte de los nacionales, porque servían a la patria, una patria que no era la de ellos. Incluso después de acabada la guerra civil Franco siguió conservando su guardia mora como escolta personal, hasta su definitiva licenciatura tras la independencia de Marruecos.

Muchos analistas históricos consideran que sin el apoyo del ejercito africano tal vez Franco no habría ganado la guerra o por lo menos habría tardado mucho mas en ganarla.
Uno de cada cinco soldados que lucho en la guerra civil del lado de los nacionales era africano. Incluso venían atados a las alas de los aviones para aprovechar y traer en cada viaje mas cantidad de tropas. Los moros siempre iban a la vanguardia del ejercito porque sus vidas no eran consideradas muy valiosas y además eran feroces guerreros, obedecían ciegamente a sus oficiales y no le temían a la muerte. Franco les prometió que si morían en España resucitarían en Marruecos, cosa que la mayoría creían al ser bastante ignorantes e incultos, y a los lisiados les prometió un bastón de oro, cosa que nunca cumplió, ya que no habría bastado todo el oro de España para tantos lisiados.
El 16 de agosto de 1938 un grupo de niñas marroquíes visitaron a Franco en los campamentos juveniles falangistas en España, acompañadas de sus profesores y el ministro del interior Serrano Súñer. Una niña habló con Franco en árabe y él respondió también en árabe afirmando: “El pueblo marroquí ha sido el pueblo de los guerreros mas bravos, pues saben morir de tan magnifica manera como lo están haciendo en fuerza a su amor hacia España” Luego añadió que al terminar la guerra mejorarían las condiciones de la vida de los marroquíes, considerados hermanos de los españoles.
En 1939 Franco concedió una larga entrevista a Aznar- El periodista mas importante de su España-y contra su costumbre no habló por radio, pues prefirió que su declaración de año nuevo la publicaran en el Diario Vasco, de San Sebastián, Franco aseguró que deseaba no solo vencer sino convencer, A la pregunta del periodista sobre África, se deshizo en elogios hacia los marroquíes, anuncio la creación de un gran centro de estudios islámicos en Córdoba y profetizó, que, en el futuro, los musulmanes vendrían a España de igual modo que tenían obligación de visitar la Meca. Terminó la declaración refiriéndose al norte de Africa donde todo había empezado hacia casi tres años diciendo “Sin Africa, yo apenas puedo explicarme a mi mismo”.

En el libro de Francisco Sánchez Ruano “Islam y guerra civil española” se habla de la trascendencia e importancia que tuvieron estos combatientes en nuestra guerra civil, no solo del lado nacional, sino también del lado republicano. Incluso el socialista Salvador de Madariaga llego a decir: “Marruecos es una prolongación de España allende el estrecho”, mientras que falangistas como Ernesto Jiménez Caballero decían: “Guarden otros pueblos el oro, nosotros el moro”.

El corresponsal más seguido por los afro americanos fue Langston Hughes, quien publicaba en The Afro-American, pero colaboraba también en el boletín de las Brigadas Internacionales, Volunteer for Liberty. Hughes se interesó especialmente por los marroquíes que peleaban al lado de Franco. Su poema Carta desde España muestra la perplejidad que le causaba el hecho de que un pueblo colonizado luchara junto a los insurgentes: "Hoy capturamos a un moro herido / Era tan oscuro como yo / Le dije, chico qué haces aquí / peleando contra gente libre?".
"Estaba muriéndose tumbado, en un pueblo que habíamos tomado, miré del otro lado hacia África y vi temblar fundaciones, pus si una España libre gana esta guerra, las colonias seran libres también, entonces algo maravilloso puede ocurrir a estos moros tan negros como yo, le dije ¡escucha amigo! Estoy seguro de que la vieja Inglaterra y que Italia también por esta razón tienen miedo de dejar que la España republicana sea buena para ti y para mi, porque ellas tienen esclavos en África y ellas no quieren que sean libres.
Escucha prisionero moro, estréchame pues la mano..
Me arrodille a su lado y tome su mano, pero el moro herido expiraba y no me entendió."
Rodimtsev, que combatió en primera línea en el frente de Madrid con la 14ª,
escribió estas líneas al observar con sus prismáticos como se acercaban las tropas moras a la línea de defensa: “El segundo moro de la izquierda, alto, a causa de la tensión se mordió el labio. En su rostro moreno clareaban los blancos de los ojos. El turbante de un gris sucios se balanceaba al compás de la marcha. El soldado se movía como un muñeco.¿Por qué marchaba? ¿Quién le enviaba aquí a la muerte?...Yo no quitaba el ojo al moro. Iba creciendo mas y mas, resultó que su nariz era aguileña y llevaba unos bigotes espléndidos, y en el cuello se balanceaba algo así como un talismán.
El moro alto se detuvo un momento, hincó lentamente una rodilla, el fusil cayó al suelo. Alzó la cara hacia el sol como si pidiese explicación de lo que ocurría, y luego se desplomó pesadamente boca arriba."

Por supuesto los moros mataron españoles y también a otros extranjeros, se les atribuyen también muchas atrocidades, lo cual está documentado en parte en el libro de Sánchez Ruano, pero no fueron los únicos, testimonios documentados en el libro demuestran que atrocidades se cometieron por ambos bandos, y no solo por los moros, y que muchas veces eran usados como arma psicológica ante el temor que producía solo la mención de las tropas moras, pero desde tiempos inmemorables la guerra es así, hasta que la humanidad no descubra el medio de terminar con la guerra y los ejércitos pasen a los museos de historia.
A los moros les costó aproximadamente un 10 por ciento de bajas dicha guerra., en la que los africanistas españoles pudieron aprovechar todo lo aprendido en Marruecos. Los conocimientos sobre la etnia, religión y costumbres contribuyeron al triunfo de Franco en arrastrar a los marroquíes a aquella guerra ¿pero que sabían del fascismo aquellos ignorantes soldados de regulares de la Mehala, de la Mezjanía o del Ifni? La mayoría no eran mas que ignorantes campesinos que se enrolaron por necesidad, muchos obligados y todos engañados por falsas promesas de que al acabar la guerra Marruecos sería independiente.
Al final Franco tuvo que dar la independencia a su “Marruecos feliz” cuando Francia se la dio a su zona, no por gusto sino por presiones internacionales.
Al visitar la casa de un ex combatiente de Asilah, dijo el mismo al autor del libro en su lecho de enfermo: “¿Dónde esta el bastón de oro que me prometió Franco?¿como mantengo a mi familia con mi pensión miserable?"
En Asilah, sede y hogar de los ex combatientes moros de 5 guerras, el autor se encontró un grupo de moros que se reunían para rememorar hazañas guerreras, entre ellos había un joven de 20 años al que el autor pregunto que hacia allí:
Este afirmó:
“Mi padre estuvo luchando con Franco y recibía una pequeña pensión por hacer una guerra en la que muchos compatriotas perdieron la vida, otros la salud y juventud. Pero aquí no se nos quiere al considerarnos traidores por hacer una guerra que no era la nuestra."
Su expresión y su tono de voz eran la expresión misma de la amarga verdad, de una realidad que lo supera, que supero a su padre y que también nos supera a todos mientras las guerras sean la expresión que los humanos tenemos para resolver los problemas.