"Las obras realizadas sin sinceridad son como el viajero que lleva arena en su cantimplora. Llevarla le supone un peso y no le aporta ningun beneficio".
Ibn Al-Qayyim

domingo, 16 de septiembre de 2012

NO A LA VIOLENCIA, NO EN NUESTRO NOMBRE

¡¡Ya están otra vez los moros violentos!! Si es que nos van a matar a todos… Esto es posiblemente lo que más se repita en estos días entre los “odiadores profesionales”. Con el ataque a algunas embajadas occidentales en diversos países con mayoría de habitantes musulmanes, se ha vuelto a desatar el coro de voces que dicen lo mismo de siempre, que el Islam es una religión violenta, que si van a invadir Europa y poner el burka a nuestras mujeres, que si son todos unos terroristas… Por supuesto, nada de esto es cierto. Hay un hecho: violencia desatada entre gente ignorante y manipulada, que ha dirigido su odio hacia “lo occidental” personalizado contra las embajadas de ciertos países. Olvidamos, tal vez, que esa violencia desatada ocurre en todas partes (por si alguien lo ha olvidado, están aún muy recientes los disturbios de Londres (agosto de 2011) que también horrorizaron al mundo entero. Entre la gente que protestaba, había algunos que legítimamente querían denunciar la actuación supuestamente arbitraria de la policía inglesa, pero en su mayoría se sumaron delincuentes que aprovecharon para saquear y cometer pillaje, y pandillas violentas “anti-todo” que lo único que querían era practicar su deporte favorito de destruir mobiliario urbano, coches, tiendas y todo lo que estuviera a su paso. Pues lo mismo ocurre con estos incidentes: se han sumado ignorantes, criminales, pendencieros a algunos que legítimamente querían denunciar la estupidez de una película realmente desagradable y mal hecha, que no sirve a la libertad de expresión (legítima y deseable) sino para lanzar una nueva provocación contra los musulmanes. La película fue estrenada una sola vez en un oscuro cine casi vacío en Estados Unidos, hace meses, y no fue hasta julio que se subió un extracto a YouTube. La película se había doblado de nuevo dándole toda la intención provocadora. Los propios actores de la película se han apresurado a condenarla y afirmar que han sido engañados, que el guión original era de aventuras en el desierto, y que les han doblado con posterioridad, que en el guión original no había ninguna referencia al Islam ni al profeta Muhammad (saws). Está claro, bien claro, que la intención de los agitadores era provocar iras y violencia. Eso no se puede dudar. Y ahora, me voy a ocupar de aclarar que la reacción de algunos pocos musulmanes violentos e ignorantes que se han levantado furiosos, y en su furia desatada han acabado con la vida de algunos diplomáticos estadounidenses en Libia, es una reacción anti-musulmana y anti-Profeta. Para todos los que condenan al Profeta (saws) diciendo que el Islam lo extendió con la espada, me gustaría recordarles que no fue el único profeta que se tuvo que enfrentar a ejércitos, antes de él podemos recordar, por ejemplo, a David o a Salomón. David se convirtió en líder de su pueblo después de matar con una honda al gigante Goliat que conducía al ejército enemigo. Salomón emprendió campañas, por un lado comerciales para traer más riquezas al reino, y por otro guerreras, para sofocar rebeliones de pueblos sojuzgados, como los arameos de Siria. Salomón, comentemos también de pasada (para los que hablan tanto de la poligamia en el Islam), tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas (como se menciona en la Biblia, I Reyes, 11:3)… Como siempre se le achaca a Muhammad (saws) que era polígamo... Disculpen esta digresión. Tenemos que recordar que el mundo no ha sido un lugar fácil para vivir. Que si hoy en día hablamos de derechos humanos, de paz, de hermandad, etc… estas palabras son en muchos casos palabras huecas. Tenemos el ejemplo del colonialismo europeo, que extendió la religión católica por buena parte de África y Asia a golpe de sable, y de cañones. Tenemos el ejemplo de la expansión de la religión católica por Sudamérica gracias a los ejércitos españoles y su “valentía” al luchar con unos indios a los que masacraron gracias a primitivas armas de fuego, cañones, y también a “armas biológicas” como la gripe y sífilis. En nuestros días, los campeones de la libertad, abanderados de la democracia, justicia y derechos humanos, los EE.UU., llevaron la guerra a diversos países por motivos aparentemente “justos”: en Irak, fue la presunta tenencia de armas de destrucción masiva, que luego se demostró era un engaño para llevar a cabo sus planes de reorganización del Medio Oriente y obtener petróleo muy baratito. En Afganistán, todo un país lleno de gente en muchos casos ignorante y que no sabía ni que existía América, pagó por tener escondido en su suelo a Bin Laden, al que finalmente hallaron y mataron sin juicio en Pakistán (y digo yo, si estaba escondido desde hacía tiempo en Pakistán, ¿cómo es que no declararon la guerra a Pakistán y a Afganistán sí???). Vivimos en realidad en un mundo injusto, y lleno de violencia. Y sin embargo, no estoy en absoluto JUSTIFICANDO la violencia contra las embajadas occidentales. De hecho, he levantado mi voz en diversos foros para condenar el asesinato del embajador americano en Libia y otros diplomáticos. Defender al Islam no significa atacar arbitraria y ciegamente a todo el que se pone por delante. Defender al Islam y mostrar amor por nuestro Profeta Muhammad se tiene que hacer de otra forma, nos tendríamos que preguntar “¿Qué habría hecho el Profeta (saws) si estuviera aquí?” De hecho, tenemos el ejemplo de lo que hizo, y a eso tendríamos que ceñirnos: El propio Profeta Muhammad (saws) tuvo que soportar episodios de persecución e incluso ataques personales. Cuando llegó con su mensaje a la ciudad de Taif, fue recibido de mala manera, rechazado, y por último expuesto a las iras del populacho, quienes le insultaron, e incluso arrojaron piedras. Cuando salió por fin, sangrando, dolorido, abatido, se sintió APENADO, no ultrajado y clamando venganza en medio de una ira ciega. Al contrario, suplicaba a Dios que le perdonara por su debilidad y falta de recursos por no haber podido convencer a los habitantes de la ciudad. Volvió a Meca, donde pidió protección a varias personas influyentes, y la obtuvo precisamente de un tío suyo NO MUSULMÁN. Si realmente amamos al Profeta Muhammad (saws), tenemos que actuar como él lo habría hecho, devolviendo mal por bien, intentando convencer con la fuerza de las ideas y de las acciones nobles, con humildad, con paciencia. Así es como era el Profeta Muhammad (saws), y nosotros deberíamos esforzarnos por imitarlo, y recordar que “no es más fuerte el que más rápido devuelve la agresión, sino el que es capaz de controlar su ira”. Por tanto, el mensaje debería estar muy claro: la violencia sólo engendra más violencia, no es la solución. La inmensa mayoría de los musulmanes en Libia han condenado los actos de violencia y el asesinato del embajador. Se han oído sus voces en todos los foros, se han dirigido directamente al presidente Obama para hacer llegar sus condolencias, y su pena por estos hechos. Por desgracia, esto no es noticia, y mucha gente no sabe que así ha sido. La noticia es que un puñado de bárbaros enardecidos ha matado en nombre del Islam. No es noticia que los más de mil millones de musulmanes no lo hayan hecho. Ni que muchos de ellos lo hayan condenado. Muchos, muchos, muchos musulmanes han elevado su voz diciendo “no en nuestro nombre, no en nombre del Islam”. Porque muchos somos los que creemos que la lengua sigue siendo más fuerte que la espada, y que la razón ha de imponerse siempre a la violencia.